
Imagínese este mundo:
En Södermalm la gente viste con disfraces todos los días, todos... Excepto uno, un día al que osan llamar Halloween, lo celebran el 31 de octubre y es un día festivo, y es el único día día en que la gente por un momento se vuelve de verdad, y entonces se confiesan verdades, se dicen tristezas, se confiesan amores, se gritan odios y algunos ni siquiera salen a la calle por temor a ser visto en su desnuda fealdad.
Hay personas que están tan acostumbradas a usar estos disfraces que les cuesta imaginarse un día donde no los llevan puestos.
Alycia.
Al y cia.
Al y cia eran dos jóvenes enamorados.
Al era un hombre guapetón con ascendencia española, bien fuerte y fortachón, siempre llevaba puesto un traje como de lobo o algo así, es difícil decirlo.
Cia era por el contrario flaca, al punto de rayar en la Bulimia, siempre llevaba puesto un traje de murciélago.
Eran felices, estaban próximos a cumplir un año, se habían conocido el primero de noviembre en una tienda de antigüedades. a Al le encanta coleccionar antigüedades y Cia las vendía en ese entonces.
Fue amor a primer disfraz, Al se imaginó sus días junto a la miope Cia y Cia era feliz en los brazos de su licántropo Al.
No vivían juntos. Tampoco tenían plata suficiente para hacerlo. Eran ordinarios, nada demasiado inteligentes, sus conversaciones no pasaban de trivialidades e idioteces, y es que hay que ser verdaderamente estúpido para enamorarse.
Habían estado disfrutando el uno del otro, sin mucho afán, con la emoción insensata que daba el creer que el amor es para siempre.
Habían hecho todo lo que las parejas normales hacen: ir al cine, comer juntos, salir a bailar, drogarse, enojarse, reirse, hacer el amor, no hacer nada, perder el tiempo, sentir celos, estar acompañado, sentirse solo estando acompañado, y el resto de mierdas que cualquier relación trae.
Era 30 de octubre, habían quedado de verse al otro día, habían compartido de todo, menos opiniones reales, habían compartido trivialidades, pero nunca los pensamientos que de verdad pasaban por sus cabezas, estaban despistados, no recordaban que al día siguiente la gente salía sin antifaces a la calle y entonces quedaron de encontrarse en un lugar.
Dudaron de hacerlo, no sabía que podía traer el mostrarse tal cual eran.
Ambos llegaron allí y no se reconocieron, por obvios motivos no hablaron, se enojaron el uno con el otro, porque ambos creyeron que el otro había incumplido la cita. Nunca se habían visto de verdad a los ojos.
Quedaron de encontrarse ese mismo día más tarde, esta vez hablaron por celular para saber quiéra era y cómo estaba vestido, no se gustaron, se dieron asco, hablaron poco y una vez más no se reconocieron después de haber pasado casi un año juntos.
Fin.
Pidos excusas, andaba algo depresivo, este no es mi estilo de escritura y prometo reivindicarme, la noticia de volver a clase en los próximos días me había sacado de quicio.
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